La ONU advirtió sobre la creciente fragilidad en África Occidental y el Sahel, marcada por un deterioro simultáneo de la seguridad, la gobernanza y la situación humanitaria. Ante el Consejo de Seguridad, Barrie Freeman, representante de UNOWAS, pidió un apoyo regional e internacional reforzado para preservar los avances democráticos y estabilizar la región.
En el plano político, la ONU alertó sobre reformas percibidas como excluyentes, el aumento de tensiones internas y la erosión del espacio cívico, citando detenciones arbitrarias, torturas y desapariciones forzadas. La situación en Guinea-Bissau fue destacada como particularmente preocupante tras recientes tensiones que amenazan el orden constitucional.
En materia de seguridad, Freeman recordó que el Sahel sigue siendo el principal epicentro mundial del extremismo violento. Los grupos terroristas continúan expandiéndose hacia los países costeros, mientras se profundiza la convergencia entre terrorismo y crimen organizado, agravando la inestabilidad regional.
La crisis humanitaria también se intensifica: millones de personas enfrentan desplazamientos, hambre y falta de ayuda, ya que solo el 25 % del llamamiento humanitario para el Sahel ha sido financiado. A ello se suman los efectos de los choques climáticos, como inundaciones severas, que empeoran la vulnerabilidad de las poblaciones.
Pese a este contexto crítico, la ONU reafirmó el compromiso de UNOWAS de apoyar a los Estados africanos y a organizaciones como la CEDEAO y la Unión Africana. La prioridad es reforzar el diálogo, la gobernanza inclusiva y la cooperación en seguridad, con el objetivo de promover una paz y estabilidad duraderas en África Occidental y el Sahel.


