Los intercambios tripartitos entre Marruecos, Mauritania y Estados Unidos en torno a los expedientes regionales, incluido el Sáhara marroquí, reavivan las tensiones en Argel, que teme un realineamiento diplomático de Nuakchot a favor de la iniciativa marroquí de autonomía.
Una reunión de alto nivel entre responsables mauritanos, marroquíes y estadounidenses ha despertado una gran atención regional, mientras Argelia multiplica las señales de inquietud ante una dinámica diplomática percibida como favorable a Marruecos.
El 26 de diciembre, el ministro de Asuntos Exteriores de Mauritania, Mohamed Salem Merzoug, anunció en X que se había reunido con el embajador de Marruecos en Nuakchot, Hamid Chabar, así como con Corina R. Sanders, encargada de negocios de la Embajada de Estados Unidos. Según el jefe de la diplomacia mauritana, los intercambios se centraron en “cuestiones de interés común”.
Esta secuencia se produce en un contexto internacional marcado por la consolidación del apoyo a la iniciativa marroquí de autonomía como solución política realista al diferendo regional en torno al Sáhara marroquí. Adoptada el pasado 31 de octubre, la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas consagró este enfoque, al llamar a una solución política pragmática y duradera bajo los auspicios de la ONU.
Las discusiones tripartitas han sido interpretadas por varios observadores como una señal de profundización del diálogo estratégico entre Rabat, Nuakchot y Washington. Paralelamente, provocaron reacciones críticas de círculos cercanos al Polisario y de medios alineados con la posición argelina, que ven en ellas la hipótesis de un giro de la neutralidad mauritana hacia un mayor respaldo a la iniciativa de autonomía, ya apoyada por más de 120 países.
Aliados históricos de Marruecos, Estados Unidos reafirman regularmente su apoyo al plan de autonomía, que consideran la única vía creíble para poner fin al diferendo. Washington, actor central en la redacción de las resoluciones de la ONU sobre el Sáhara, ya había reconocido en 2020 la soberanía de Marruecos sobre sus provincias del sur.
Tras la adopción de la Resolución 2797, el principal asesor estadounidense Massad Boulos recordó que esta iniciativa constituye “la única base” para un arreglo político duradero.
Frente a esta dinámica, Argelia persiste en una postura de negación, rechazando la evolución del consenso internacional y continuando la promoción de un referéndum considerado irrealista por una amplia mayoría de actores. Argel también se niega a participar en las mesas redondas auspiciadas por la ONU, pese a los términos explícitos de las resoluciones recientes que la designan como parte del diferendo.
El 30 de diciembre, el presidente argelino Abdelmadjid Tebboune aseguró, no obstante, que su país mantiene “excelentes relaciones” con Mauritania, afirmando que Argelia no se inmiscuye en los asuntos internos de sus vecinos. Declaraciones percibidas como un intento de apaciguamiento, en un momento en que Marruecos, Mauritania y Estados Unidos refuerzan su concertación regional en torno a la estabilidad, la cooperación y la solución política del dossier del Sáhara marroquí.


