Estados Unidos reunió a 54 países en Washington para reconfigurar el mercado mundial de los minerales críticos y las tierras raras, sectores clave para la transición energética, la defensa y las tecnologías avanzadas. La reunión ministerial, celebrada el 4 de febrero, fue presidida por el secretario de Estado Marco Rubio y contó con la participación del vicepresidente JD Vance, así como de altos responsables de Economía, Energía e Interior.
El encuentro congregó a 43 ministros de Exteriores y a la Comisión Europea, con delegaciones de África, América, Asia y Europa, entre ellas Angola, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, la RDC, Japón, Marruecos, México, Corea del Sur, Ucrania y el Reino Unido. Washington subrayó que la alta concentración del mercado actual expone a los países a riesgos de coerción política, por lo que urge diversificar y asegurar las cadenas de suministro.
En este marco, Estados Unidos firmó 11 nuevos acuerdos bilaterales o memorandos de entendimiento con países como Argentina, Ecuador, Guinea, Marruecos, Perú, Filipinas, Emiratos Árabes Unidos y Uzbekistán. Además, anunció la creación del Forum on Resource Geostrategic Engagement (FORGE), que sustituye al Minerals Security Partnership y será coordinado inicialmente por Corea del Sur para armonizar esfuerzos internacionales.
El impulso se acompaña de importantes inversiones. En los últimos seis meses, Washington movilizó más de 30.000 millones de dólares para asegurar suministros estratégicos. Destacan un posible préstamo de hasta 10.000 millones del Exim Bank para una reserva estratégica nacional y el apoyo del Departamento de Energía a proyectos de litio, reciclaje de baterías y minerales críticos por varios miles de millones.
Asimismo, la U.S. International Development Finance Corporation invierte o evalúa más de 1.000 millones de dólares en proyectos mineros en países como Ucrania, Brasil y la RDC, donde un acuerdo entre Glencore y el Consorcio Orion busca garantizar flujos de cobre y cobalto. Según el Departamento de Estado, este paquete refuerza la seguridad nacional, la competitividad económica y el liderazgo global de Estados Unidos en minerales críticos.


