El auge de la inteligencia artificial generativa podría provocar, de aquí a 2028, una caída mundial del 24 % en los ingresos de los creadores de música y del 21 % en los creadores audiovisuales, lo que equivaldría a cerca de 8.500 millones de euros anuales acumulados, según un nuevo informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
El organismo advierte sobre varios riesgos asociados al rápido desarrollo de la IA: sustitución del trabajo humano, uso sin licencia de datos protegidos por derechos de autor y amenazas crecientes para la diversidad cultural y lingüística. Estas proyecciones se inscriben en una transformación profunda de la economía creativa, ya afectada por la transición digital, que ha ampliado el acceso a herramientas y audiencias, pero también ha incrementado la precariedad y las desigualdades.
Según el informe, los ingresos digitales representan actualmente el 35 % de los ingresos totales de los creadores, frente al 17 % en 2018, lo que refleja un cambio estructural acompañado de mayor inestabilidad y exposición a vulneraciones de la propiedad intelectual. Basado en datos de más de 120 países, el estudio analiza un panorama cultural marcado por la IA, la digitalización acelerada y tensiones en torno a la libertad artística.
La Unesco también alerta sobre la proliferación de contenidos “sintéticos” generados por IA que imitan estilos protegidos por derechos de autor y que podrían afectar la calidad y la diversidad de las obras. El informe advierte del riesgo de un “colapso del modelo” si las bases de entrenamiento se saturan con producciones artificiales. Aun así, algunas creaciones generadas por algoritmos ya han alcanzado listas como Spotify y Billboard, y más de 50.000 canciones creadas por IA se suben cada día a plataformas como Deezer.
Frente a este escenario, la organización recomienda establecer marcos de gobernanza claros para la cultura digital y la inteligencia artificial, con el fin de garantizar un desarrollo ético, inclusivo y sostenible, protegiendo los derechos de propiedad intelectual.
Estas recomendaciones llegan en un contexto en el que el comercio mundial de bienes culturales alcanzó los 254.000 millones de dólares en 2023, mientras que la financiación pública directa a la cultura —inferior al 0,6 % del PIB mundial— continúa disminuyendo, lo que agrava la fragilidad del sector creativo.


