El Banco Mundial considera que la ambición de Nigeria de convertirse en una economía de 1 billón de dólares para 2050 dependerá en gran medida de las inversiones realizadas durante los primeros años de vida. Según la institución, los retrasos acumulados antes de los cinco años pueden frenar de manera duradera la productividad y comprometer el crecimiento a largo plazo.
Así lo afirmó en Abuja Ritgak Tilley-Gyado, responsable del Programa de Primera Infancia del Banco Mundial, durante un diálogo de alto nivel sobre productividad y estrategias de crecimiento. El encuentro, organizado por SBM Intelligence junto con el Banco Mundial y varios centros de análisis nigerianos, puso de relieve el vínculo directo entre capital humano y desempeño económico.
Tilley-Gyado subrayó que los déficits en aprendizaje, salud y competencias suelen aparecer antes de los cinco años y luego resultan costosos y difíciles de corregir. “Invertir en la primera infancia no es un gasto social, es una estrategia económica”, afirmó, destacando que la juventud demográfica de Nigeria solo será una ventaja si los niños desarrollan las capacidades necesarias para la vida adulta. Según datos internacionales citados, cada dólar invertido en los primeros años puede generar hasta 13 dólares en beneficios económicos futuros.
Por su parte, Ikemesit Effiong, socio gerente de SBM Intelligence, advirtió que el país pierde potencial productivo desde los primeros años de vida. Aunque la mortalidad infantil ha disminuido —de 132 muertes por cada 1.000 nacidos vivos en 2018 a unas 110 en 2024—, la mortalidad neonatal sigue siendo elevada (alrededor de 41 por cada 1.000), y cerca del 40 % de los niños sufre retraso en el crecimiento.
La neurocientífica pediátrica Tosin Olorunmoteni recordó que el desarrollo cerebral es más rápido durante los primeros 2.000 días de vida y alertó sobre la combinación de pobreza, malnutrición y fragilidad sanitaria que afecta a muchos niños nigerianos.
Para el Banco Mundial y sus socios, el objetivo de una economía de 1 billón de dólares no se alcanzará únicamente con reformas macroeconómicas o grandes infraestructuras, sino mediante inversiones sostenidas en salud, nutrición y educación desde la primera infancia.


