El departamento de Bakel, en la región de Tambacounda, en el este de Senegal y fronterizo con Malí, se encuentra expuesto a varias crisis simultáneas —de seguridad, ambientales y sociales— además de la amenaza yihadista procedente del país vecino, según un informe publicado por el centro de análisis Megatrends Afrika.
El estudio, titulado “Beyond Jihadism: Security Concerns along Senegal’s Border with Mali”, se basa en entrevistas realizadas a finales de 2025 a autoridades locales, agricultores, comerciantes, líderes comunitarios y representantes de la sociedad civil en Kidira y varios pueblos fronterizos.
Uno de los principales motivos de preocupación es la expansión hacia el sur y el oeste de Malí del grupo yihadista Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), afiliado a Al Qaeda. Aunque el grupo ha establecido bases logísticas en la región de Kayes, cerca de la frontera senegalesa, el informe señala que por ahora no dispone de capacidad para operar dentro del territorio de Senegal.
En 2025 se registraron varios incidentes que aumentaron la inquietud en las comunidades locales, entre ellos seis ataques simultáneos del JNIM en la región de Kayes y el secuestro temporal de seis camioneros senegaleses. Estos hechos marcaron un punto de inflexión para la población de Bakel, que hasta entonces se sentía relativamente protegida.
Más allá del riesgo yihadista, el informe advierte sobre un aumento de la criminalidad, incluidos robos armados y el crecimiento del abigeato. Los delincuentes aprovechan las debilidades de la seguridad fronteriza para trasladar el ganado robado hacia Malí, provocando pérdidas económicas importantes para los ganaderos.
Otro desafío importante es la contaminación del río Falémé, causada por la expansión de la minería artesanal y semindustrial de oro. Esta actividad ha contaminado el agua con metales pesados, afectando a la pesca, la agricultura y las rutas tradicionales de pastoreo. Aunque el gobierno senegalés suspendió temporalmente la explotación minera cerca del río, el problema persiste.
Frente a estas amenazas, Senegal ha reforzado su dispositivo de seguridad con bases militares, patrullas conjuntas con Malí y unidades especiales de intervención. Sin embargo, el informe recomienda invertir más en infraestructuras, fortalecer la cooperación regional y apoyar a las comunidades locales, con el fin de consolidar la resiliencia de esta zona estratégica en la frontera entre Senegal y Malí.


