Al menos 22 migrantes murieron en el mar Mediterráneo tras partir desde el este de Libia en una embarcación precaria, según testimonios de supervivientes rescatados por las autoridades griegas.
El naufragio ocurrió tras seis días de deriva en condiciones extremadamente difíciles, sin suficiente agua ni alimentos, lo que provocó el agotamiento progresivo de los pasajeros.
Los guardacostas griegos lograron rescatar a 26 supervivientes cerca de la isla de Creta, después de que la embarcación perdiera su rumbo inicial en alta mar.
Los testimonios describen una travesía caótica, marcada por la falta de asistencia y el deterioro de las condiciones de vida, lo que habría obligado a los migrantes a arrojar al mar los cuerpos de las víctimas. Estos hechos aún deben ser confirmados por la investigación en curso.
En el marco de las operaciones de rescate, las autoridades griegas detuvieron a dos personas sospechosas de estar vinculadas a una red de tráfico de migrantes.
Este nuevo drama evidencia la persistencia de las rutas migratorias en el Mediterráneo, donde las travesías siguen siendo altamente peligrosas pese al refuerzo de los dispositivos de control.


