La Fundación Gates prevé invertir al menos 1.000 millones de dólares durante los próximos dos años para impulsar el desarrollo y el acceso a una inteligencia artificial (IA) capaz de reducir las desigualdades, con especial énfasis en la salud, la educación y la agricultura.
El anuncio, realizado este martes en Seattle por la Fundación Gates, de una inversión de al menos 1.000 millones de dólares, coincide con la publicación del décimo informe anual «Goalkeepers», que insta a orientar desde ahora el desarrollo de la IA hacia las poblaciones que corren el riesgo de quedar al margen de esta nueva revolución tecnológica.
Titulado «Hagamos que cuente: la IA, la equidad y las decisiones que ya no podemos posponer», el informe considera que las decisiones adoptadas hoy determinarán en gran medida quién podrá beneficiarse de los avances de la IA y en qué condiciones.
La Fundación Gates advierte, en particular, contra una evolución de la inteligencia artificial guiada únicamente por intereses comerciales. Según su presidente, Bill Gates, las personas que más necesitan soluciones innovadoras suelen ser también las que disponen de menos medios para influir en las orientaciones tecnológicas y las inversiones.
«La IA plantea el mismo desafío, pero a un ritmo mucho más rápido», subraya, haciendo un llamamiento para garantizar que las herramientas desarrolladas respondan también a las necesidades de las poblaciones más vulnerables.
Una parte de los fondos se destinará a iniciativas que ya utilizan la IA en centros de salud, aulas y explotaciones agrícolas. La fundación pretende asimismo apoyar soluciones adaptadas a las realidades locales y disponibles en un mayor número de idiomas.
Esta dimensión lingüística constituye un desafío importante. Más del 90% de los datos utilizados para entrenar los primeros grandes modelos lingüísticos procedían de fuentes en inglés, lo que limita la representación de numerosas comunidades en las tecnologías de IA.
Del importe anunciado, el 40% se destinará a la educación, especialmente al desarrollo de herramientas capaces de personalizar el aprendizaje y apoyar la labor de los docentes. Otro 40% se dedicará a la salud, con aplicaciones destinadas al diagnóstico, la toma de decisiones clínicas, la atención materna y neonatal y la investigación de medicamentos y vacunas.
La agricultura recibirá el 10% de la financiación, especialmente para proporcionar a los pequeños agricultores asesoramiento adaptado a sus cultivos, suelos y condiciones meteorológicas. El 10% restante se destinará a reforzar las infraestructuras y los datos digitales necesarios para desarrollar una IA más inclusiva, especialmente en los idiomas todavía poco representados.
Para la Fundación Gates, el desafío va más allá del mero desarrollo de tecnologías más avanzadas. Se trata también de permitir que médicos, docentes, agricultores y desarrolladores locales dispongan de las competencias y los medios necesarios para evaluar y adaptar las herramientas de IA a sus propias necesidades.
La organización insta así a los gobiernos, las empresas tecnológicas y los actores filantrópicos a contribuir a este esfuerzo para evitar que la IA reproduzca las brechas existentes y lograr, por el contrario, que pueda convertirse en un acelerador del acceso al conocimiento, la atención sanitaria y las oportunidades.
«Podemos poner la IA al servicio del bien común. Pero esto no ocurrirá por sí solo», insiste Bill Gates, abogando por que el éxito de esta tecnología se mida también por su impacto en las poblaciones que más pueden beneficiarse de ella.
SG/RT/APA

