La epidemia de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) se convirtió este lunes en la más mortífera jamás registrada en el país, con 2.325 muertes entre 4.945 casos confirmados desde su aparición en mayo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El balance de la actual epidemia supera al del anterior gran brote registrado entre 2018 y 2020 en el este de la RDC, que causó 2.299 muertes entre 3.381 casos. La actual propagación, provocada por el virus del Ébola de tipo Bundibugyo, afecta ya a 55 zonas sanitarias de seis provincias: Ituri, Kivu del Norte, Kivu del Sur, Tshopo, Alto Uele y Bajo Uele. Ituri continúa siendo el epicentro, con 28 de sus 36 zonas sanitarias afectadas, mientras que en algunas de las áreas más golpeadas los nuevos casos «se duplican cada semana», según la OMS.
«El virus del Ébola está ganando terreno. No podemos permitir que el virus se adelante a nuestra respuesta. Muchas vidas están en peligro», advirtió el jefe de Asuntos Humanitarios de la ONU, Tom Fletcher, quien pidió una mayor movilización internacional.
Pese a la magnitud de la crisis, 1.040 personas se han recuperado, unas treinta de ellas en las últimas 24 horas, mientras 730 pacientes permanecen aislados u hospitalizados. El seguimiento de contactos alcanza actualmente el 85 %.
La RDC declaró oficialmente el 15 de mayo su 17ª epidemia de ébola, en regiones del norte y este del país donde persisten importantes dificultades de acceso a la atención médica y las capacidades sanitarias son limitadas.
Hasta el momento no existe una vacuna ni un tratamiento específico disponible contra la variante Bundibugyo, aunque varias vacunas están siendo sometidas a ensayos frente a esta cepa. Las autoridades y sus socios están reforzando la vigilancia epidemiológica, la atención a los enfermos, las investigaciones sobre el terreno, los entierros seguros y la movilización comunitaria.
La respuesta necesita, sin embargo, mayores recursos y un acceso seguro a las comunidades afectadas. El ébola se transmite principalmente por contacto con los fluidos corporales de una persona infectada y puede provocar una fiebre hemorrágica grave y causar rápidamente la muerte sin una atención adecuada.
La OMS espera poder invertir la tendencia ascendente de la epidemia durante los próximos tres meses.
SG/RT/APA

