Ante las enormes necesidades de inversión para la transición energética africana, Senegal podría posicionarse como un laboratorio de financiación verde en moneda local y de industrialización sostenible. Entre sus ambiciones energéticas, su estabilidad institucional y mecanismos innovadores como el REEF, el país busca convertir la transición ecológica en una palanca económica regional.
¿Y si el futuro de la transición energética africana no dependiera únicamente de megaproyectos solares o eólicos, sino también de la manera de financiarlos? En un momento en que las economías del Sur buscan reducir su dependencia de la financiación exterior en divisas, Senegal dispone de una baza estratégica: convertirse en uno de los primeros laboratorios africanos de financiación verde en moneda local al servicio de una auténtica industrialización sostenible.
Considerada durante mucho tiempo una carga presupuestaria, la transición energética se percibe ahora como un motor de transformación económica. Senegal lo ha entendido y se ha fijado como objetivo alcanzar un 40% de energías renovables en su matriz energética de aquí a 2030, una ambición respaldada, entre otros instrumentos, por la Asociación para una Transición Energética Justa (JETP) y varias reformas del sector eléctrico.
Esta dinámica ya arroja resultados visibles. Dakar ha superado el 30% de energías renovables en su producción eléctrica, gracias a la implantación progresiva de centrales solares y eólicas en distintas zonas del país.
Para Abdou Ndour, experto senegalés en energía y medioambiente y coordinador de programas de Enda Energie, esta evolución refleja una continuidad estratégica. «Senegal ya cuenta con una sólida experiencia y muchos países de la subregión han venido aquí para aprender de su marco institucional, su sistema de concesiones y su modelo de regulación», señala.
Según el experto, el atractivo del país se sustenta también en factores técnicos y geográficos. «Senegal ha logrado interconectar su red nacional. Actualmente, desde Dakar hasta Matam, Ziguinchor, Kolda o Tambacounda, las localidades están conectadas mediante una única red relativamente estable», explica. Este avance reduce los costes operativos y ofrece mayores garantías a los inversores privados.
El país dispone además de un marco regulatorio relativamente abierto. El subsector de la producción eléctrica está liberalizado desde hace tiempo y cualquier inversor puede producir electricidad en Senegal, aunque su comercialización sigue estando regulada a través de Senelec como comprador único, recuerda Ndour.
La financiación en moneda local, nuevo frente de la transición energética
Detrás de las ambiciones energéticas se encuentra, sin embargo, una cuestión fundamental: la financiación. La mayoría de los proyectos energéticos africanos siguen financiándose en divisas extranjeras, exponiendo a los Estados a las fluctuaciones monetarias y aumentando el coste real de las inversiones.
En este contexto, la financiación en moneda local aparece como una alternativa estratégica. «Cuando un proyecto se financia en moneda extranjera, siempre existen riesgos relacionados con las fluctuaciones monetarias. Con la moneda local hay muchos menos riesgos y una mayor estabilidad», estima Abdou Ndour.
Precisamente en esta lógica se inscribe el Renewable Energy and Energy Efficiency Fund (REEF), impulsado por el Fondo Soberano de Inversiones Estratégicas de Senegal (FONSIS). Este mecanismo innovador pretende estructurar la financiación verde local y facilitar a las empresas del sector energético el acceso al capital.
Para el experto, el REEF podría corregir una debilidad estructural del sistema financiero nacional. «Los bancos tradicionales siguen siendo reticentes ante los proyectos de energías renovables. A menudo consideran que son proyectos técnicos, complejos y arriesgados», explica. Como consecuencia, numerosos proyectos siguen teniendo dificultades para acceder a financiación bancaria pese a su potencial económico.
El fondo podría ejercer así un efecto de palanca. «Si los socios internacionales aportan una parte de la financiación y los bancos locales pueden completar los recursos gracias a este mecanismo, se reducen los riesgos y se facilitan las inversiones», señala Ndour. Este enfoque podría también animar a las entidades financieras senegalesas a involucrarse más en los proyectos verdes.
Esta dinámica coincide con las nuevas orientaciones observadas en los BRICS y, particularmente, en el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), cada vez más interesado en la financiación en moneda local de las economías emergentes. Bajo la presidencia india en 2026, las cuestiones relacionadas con la resiliencia, la cooperación Sur-Sur y el desarrollo sostenible deberían cobrar mayor importancia.
En este contexto, Dakar podría posicionarse como una puerta de entrada estratégica en Africa del oeste. «Es un sector que los financieros todavía no dominan completamente. Si el REEF funciona correctamente, puede convertirse en una verdadera oportunidad para Senegal», considera el experto.
Pero la oportunidad va mucho más allá del ámbito energético. Las energías renovables pueden convertirse en un motor de industrialización local. El ensamblaje de paneles solares, el mantenimiento, el reciclaje, los servicios energéticos descentralizados y la formación técnica ofrecen numerosas posibilidades para desarrollar cadenas de valor.
Para Abdou Ndour, la energía solar constituye actualmente el sector más prometedor. «Nada impide que Senegal desarrolle mañana unidades de ensamblaje y, posteriormente, unidades de producción local de equipos solares», afirma. El experto recuerda que el país ya experimentó con una unidad de ensamblaje solar entre 2008 y 2012.
El potencial de la energía solar reside también en su flexibilidad. «Podemos tener sistemas pequeños, medianos o grandes. Son instalaciones modulares que pueden evolucionar con el tiempo», subraya, una ventaja especialmente importante para las zonas rurales y los servicios descentralizados.
Más allá de las infraestructuras, el reto consiste ahora en construir un auténtico ecosistema industrial en torno a la energía verde. Para lograrlo, el Estado deberá reforzar sus capacidades de financiación local, apoyar a los emprendedores y mantener un entorno regulatorio atractivo.
En un mundo que busca nuevos polos de crecimiento sostenible, Senegal podría hacer emerger un modelo novedoso: el de un país africano que utiliza la transición energética no solo para producir electricidad, sino también para acelerar su industrialización, reforzar su soberanía económica y atraer inversiones estratégicas.
El desafío está ahora claramente definido: hacer de Senegal no solo un mercado energético, sino una plataforma creíble para la industrialización verde en Africa del oeste.
SG/RT/APA

