Una reunión de cooperación militar entre Marruecos y Mauritania en Nuakchot bastó para provocar la ira del Frente Polisario, respaldado por Argelia, que ve en ello un debilitamiento de sus posiciones diplomáticas.
En Nuakchot, una delegación de las Fuerzas Armadas Reales (FAR), encabezada por el contralmirante Khalil Bechri, se reunió con el coronel Sidi Mohammed Hadid, responsable de comunicación del Estado Mayor mauritano. La visita se desarrolló en un marco institucional clásico: discusiones sobre cooperación bilateral, intercambio de experiencias en comunicación, firma de un acta, obsequios y fotos conmemorativas.
El encuentro, en el que se presentó el mapa completo de Marruecos con sus provincias del Sur, ilustra la normalidad de una cooperación militar entre dos vecinos llamados a reforzar su coordinación regional. Pero desató una reacción indignada del Polisario, que denunció una supuesta “toma de posición” de Nuakchot a favor de Rabat.
El movimiento separatista, instrumentalizado por Argel, intenta aprovechar cada ocasión para mantener artificialmente el dossier del Sáhara en la actualidad. Sus portavoces mediáticos advirtieron contra “cualquier reconocimiento, explícito o implícito” de la soberanía marroquí, agitando además el espectro de un desequilibrio regional. Estas declaraciones reflejan sobre todo el aislamiento internacional del Polisario.
La dinámica diplomática es clara: el plan marroquí de autonomía es reconocido por un número creciente de países como la solución más realista y duradera al conflicto. Estados Unidos, Francia, España, así como cada vez más países africanos y árabes, respaldan esta opción. Sobre el terreno, la apertura de consulados en Laayún y Dajla confirma la legitimidad internacional ganada por Rabat.
Frente a esta evolución, el Polisario aparece cada vez más como un simple instrumento de Argelia, que busca instrumentalizar la cuestión del Sáhara para mantener una tensión regional. Su estrategia de denuncia sistemática revela menos una fuerza política que un reflejo de supervivencia diplomática.
El encuentro de Nuakchot recuerda así dos realidades: la consolidación de un partenariado marroquí-mauritano centrado en la estabilidad regional, y la marginalización progresiva de un movimiento separatista cuyo futuro parece depender exclusivamente del apoyo argelino


