Entre tensiones diplomáticas y pragmatismo económico, las relaciones entre la AES y la CEDEAO dibujan una arquitectura regional inédita, hecha de rupturas políticas y cooperaciones mantenidas.
Retirados oficialmente de la CEDEAO desde enero de 2025 y habiendo constituido la Confederación de los Estados del Sahel (AES), los dirigentes de Burkina Faso, Mali y Níger reafirmaron el lunes su voluntad de negociar “de buena fe” con la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO), mientras mantienen su participación en varias estructuras técnicas de la organización regional.
Esta declaración se produce una semana después de que la 68.ª Conferencia de Jefes de Estado de la CEDEAO admitiera a Burkina Faso, Mali y Níger como Estados no miembros de la CEDEAO dentro del GIABA, basándose en su compromiso con la lucha contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo.
En la misma lógica de continuidad funcional, la CEDEAO también aprobó su permanencia en el Banco de Inversión y Desarrollo (BIDC) como “países no regionales”, garantizando así la continuidad de los proyectos de inversión y operaciones financieras en curso.
Durante la cumbre de Bamako, los generales Assimi Goïta (Mali), Abdourahamane Tiani (Níger) y el capitán Ibrahim Traoré (Burkina Faso) aprobaron las conclusiones de las consultas del 22 de mayo de 2025 entre sus ministros de Asuntos Exteriores y el presidente de la Comisión de la CEDEAO. Se trató del primer encuentro formal desde su retirada de la organización.
En materia de seguridad —un ámbito donde la interdependencia regional sigue siendo inevitable— la CEDEAO exhortó a sus miembros a “mantener e intensificar” la colaboración con los tres Estados sahelianos ante el deterioro de la situación en la región. Esta posición reconoce que la lucha antiterrorista exige una coordinación transfronteriza, más allá de las divergencias políticas.
Incidente aéreo nigeriano: tensión y luego distensión
Pero este pragmatismo no oculta las tensiones que siguen marcando las relaciones entre la AES y algunos miembros de la CEDEAO. El incidente que involucró a un avión militar nigeriano es la ilustración más reciente.
El aparato C-130 y sus once ocupantes, retenidos desde el 8 de diciembre en Bobo-Dioulasso tras un aterrizaje de emergencia no autorizado, no fueron liberados hasta después de las disculpas oficiales de Abuya y una misión diplomática de alto nivel encabezada por el ministro Yusuf Maitama Tuggar.
El avión, en ruta hacia Portugal con dos tripulantes y nueve militares, había penetrado el espacio aéreo burkinabé sin autorización debido a un problema técnico. La reacción de la AES fue firme: calificó el acto como “inamistoso” y recordó que cualquier aeronave no autorizada podría ser neutralizada.
Fue necesaria una intervención diplomática para desactivar la crisis. El 17 de diciembre, el ministro Tuggar fue recibido por el capitán Ibrahim Traoré. Reconociendo “irregularidades” en los procedimientos de autorización, presentó las disculpas de Nigeria y se distanció de las declaraciones de un político nigeriano que denunciaba malos tratos, calificándolas de “inapropiadas”. El ejército nigeriano confirmó, además, que su personal había sido tratado con cortesía.
Este incidente, ocurrido después del despliegue de aviones militares nigerianos en Benín para contrarrestar una tentativa de golpe de Estado el 7 de diciembre, había reavivado tensiones entre Abuya y la AES. Su rápida resolución diplomática aparece, sin embargo, como una señal alentadora de que el diálogo puede mantenerse pese a las fricciones.
Senegal–Mali: una cooperación que resiste a las turbulencias
A contracorriente de estas tensiones, las relaciones entre Senegal y Mali ilustran la posibilidad de una cooperación reforzada pese al contexto regional difícil.
A comienzos de noviembre en Dakar, el general Birame Diop recibió a una delegación militar maliense liderada por el coronel mayor Oumarou Maïga. Las discusiones se centraron en intensificar la cooperación en seguridad, en un contexto donde Mali enfrenta embargos de combustible y ataques del JNIM contra sus convoyes.
Esta visita se inscribe en la continuidad de las patrullas mixtas lanzadas en febrero en la región fronteriza de Diboli, cerca de Kayes. La amenaza terrorista se acerca también a Senegal: el JNIM llevó a cabo un ataque a principios de julio en Diboli, a menos de dos kilómetros de la frontera senegalesa, reforzando la necesidad de una coordinación más estrecha.
En el plano económico, los vínculos entre Dakar y Bamako siguen siendo especialmente fuertes. Mali sigue siendo en 2024 el primer cliente africano de Senegal, absorbiendo más del 55% de sus exportaciones hacia el continente. Las ventas alcanzaron los 802,8 mil millones de francos CFA, un aumento del 8,6% respecto a 2023. Mali representa alrededor del 21% de las exportaciones totales de Senegal, especialmente en hidrocarburos refinados, cemento hidráulico (80% de las exportaciones regionales), productos alimentarios y conservas de pescado.
Un nuevo modelo de relaciones a geometría variable
En definitiva, estas dinámicas dibujan un nuevo modelo de relaciones a geometría variable: retirada política formal por un lado, pero mantenimiento de la cooperación técnica, económica y de seguridad por otro. Una configuración inédita en la que los imperativos de estabilidad, seguridad y desarrollo siguen trascendiendo las fracturas institucionales en un espacio oesteafricano en plena recomposición.

