Los países del África austral y oriental dependientes de las importaciones de carburante podrían pasar de simples fluctuaciones de precios a un racionamiento efectivo si la inestabilidad en Medio Oriente continúa afectando las cadenas globales de suministro, advierte el analista Donald Porusingazi.
Muchas economías africanas dependen en gran medida de la importación de productos petroleros. Las actuales perturbaciones en las rutas marítimas y la incertidumbre en los mercados internacionales podrían provocar escasez en los puertos y un aumento de precios para mayoristas y minoristas.
En las últimas semanas, varios países ya han reaccionado elevando los precios del combustible. Zimbabue, por ejemplo, ha incrementado el precio de la gasolina y el diésel en dos ocasiones en menos de tres semanas.
Según Porusingazi, ante este contexto, la mayoría de los gobiernos se verán obligados a intervenir, ya sea limitando la disponibilidad de combustible, imponiendo cuotas de compra o priorizando su distribución para servicios esenciales.
«Ante la falta de perspectivas de resolución del conflicto en Medio Oriente y las persistentes disrupciones en la cadena de suministro mundial, prevemos que los gobiernos comenzarán a restringir las compras, tanto en cantidades como en beneficiarios», explicó.
En Sudáfrica, algunas estaciones de servicio ya han empezado a limitar la venta de diésel en zonas agrícolas. El analista advierte que este racionamiento podría extenderse a otras regiones si no se asegura un suministro sostenible, dado que las reservas actuales podrían agotarse en un plazo de dos semanas.
Para otros países altamente dependientes de las importaciones —como Botsuana, Kenia, Mozambique, Namibia, Tanzania y Zimbabue— la advertencia es clara: la volatilidad de los mercados petroleros podría superar rápidamente las capacidades nacionales de almacenamiento, así como las ayudas presupuestarias y los planes de abastecimiento existentes.
Varios factores agravan este riesgo: el aumento de los precios del crudo y del transporte encarece las importaciones, las presiones sobre los tipos de cambio reducen la capacidad de compra y los retrasos en las entregas, junto con las limitaciones del transporte marítimo, complican aún más la situación.
Porusingazi subraya que un eventual racionamiento tendría importantes repercusiones en sectores clave como el transporte y la logística, la agricultura, los servicios públicos y el comercio transfronterizo, advirtiendo que incluso escaseces limitadas pueden generar efectos en cadena como mayores costos, retrasos y acaparamiento.


