A pesar de un alto nivel de cobertura, las tensiones en el suministro de agua en Argelia evidencian fragilidades persistentes en la gestión del recurso.
Argelia presenta una tasa de acceso al agua potable del 98 %, según las autoridades, un nivel cercano al de países con cobertura casi universal. Sin embargo, este indicador contrasta con dificultades recurrentes de abastecimiento, lo que ha llevado a encargar al ministro de Recursos Hídricos la elaboración de un plan de gestión para el sector.
Esta brecha entre cobertura y disponibilidad efectiva se ha convertido en una preocupación central, especialmente ante el aumento de la demanda durante el verano y el Aïd al-Adha. Las autoridades insisten en mejorar la regularidad del suministro, reducir pérdidas y combatir las conexiones ilegales.
Paralelamente, el Estado impulsa inversiones en recursos no convencionales, en particular la desalación. Cinco plantas ya operativas aportan una capacidad total de 1,5 millones de m³ diarios, con una inversión estimada en 2.400 millones de dólares. Una segunda fase prevé nuevas instalaciones y la extensión del suministro hacia varias regiones del interior.
No obstante, estos esfuerzos se desarrollan en un contexto de presión creciente sobre los recursos hídricos, debido a la disminución de las precipitaciones y al aumento de la demanda. Para hacer frente a las carencias, se ha movilizado un programa de emergencia superior a 27.000 millones de dinares.
Más allá de la ampliación de infraestructuras, el desafío radica en mejorar la eficiencia de la gestión, el mantenimiento de las redes y el control de la demanda, ya que el acceso generalizado al agua no garantiza por sí solo una seguridad hídrica sostenible.


