El Gobierno egipcio prepara el lanzamiento de sukuk fiscales destinados a empresas públicas y privadas, un mecanismo presentado como una alternativa al endeudamiento tradicional, pero que también supone recurrir de forma anticipada a la liquidez de los contribuyentes.
Egipto prevé emitir durante el ejercicio presupuestario 2026-2027 nuevos instrumentos financieros respaldados por los futuros impuestos de las empresas. Aprobados por el presidente de la República, estos «sukuk fiscales», distintos de los sukuk islámicos conformes con la sharía, permitirán a los contribuyentes colocar parte de su liquidez en títulos remunerados cuyo valor será posteriormente deducido de sus obligaciones fiscales. El Ministerio de Finanzas deberá publicar las primeras normas del mecanismo en las próximas semanas.
Para el Gobierno, la operación responde a una prioridad presupuestaria: diversificar sus fuentes de financiación y reducir el coste del servicio de la deuda. Según el exviceministro de Finanzas Achraf Al-Araby, los títulos ofrecerán un rendimiento exento de impuestos y podrán ser adquiridos tanto por empresas privadas como por organismos y empresas públicas.
La Autoridad Tributaria egipcia presenta, por su parte, el mecanismo como una nueva etapa hacia una relación basada en mayor medida en los incentivos y la colaboración con los contribuyentes.
Pero detrás de esta innovación financiera se encuentra, sobre todo, la búsqueda de nueva liquidez por parte del Estado. Al percibir indirectamente hoy una parte de los ingresos fiscales de mañana, el Tesoro puede reducir temporalmente su recurso a las letras del Tesoro y a la financiación internacional. Para Hossam Al-Ghayech, especialista en mercados financieros, las empresas que disponen de importantes niveles de liquidez constituyen una fuente de financiación potencialmente más estable que los inversores extranjeros, cuya presencia en el mercado de deuda egipcio sigue siendo sensible a las tensiones regionales.
Sin embargo, esta estrategia también tiene contrapartidas para las empresas. Comprar estos títulos supone inmovilizar parte de su tesorería para prefinanciar sus futuras obligaciones fiscales. Mohamed Al-Bahey, vicepresidente de la Federación Egipcia de Industrias, cuestiona así el interés que puede tener para una empresa pagar sus impuestos por anticipado, incluso a cambio de un rendimiento. Por ello, reclama incentivos suficientemente importantes para compensar el impacto del mecanismo sobre el flujo de caja de las empresas.
Otra incertidumbre se refiere a los posibles litigios entre los contribuyentes y la administración sobre el importe definitivo del impuesto. Las modalidades para resolver estas diferencias todavía deben precisarse. El propio rendimiento será un elemento determinante: según Al-Ghayech, podría situarse en una horquilla de dos puntos en torno a los tipos de interés fijados por el Banco Central de Egipto. Los bancos también deberán precisar los vencimientos, las condiciones de suscripción y los mecanismos de reembolso.
Los sukuk fiscales podrían ofrecer así a El Cairo un margen adicional para gestionar sus necesidades de financiación, pero no reducen automáticamente el desequilibrio presupuestario: desplazan en el tiempo una parte de la financiación al movilizar hoy recursos correspondientes a futuros ingresos fiscales.
Por tanto, su éxito dependerá menos de su sofisticación financiera que de su atractivo para las empresas. A falta de un rendimiento suficientemente remunerador y de unas normas fiscales transparentes, los contribuyentes podrían preferir conservar su liquidez o destinarla a inversiones consideradas más rentables.
SG/RT/APA

