Bolivia anunció el lunes 23 de febrero la suspensión de su reconocimiento a la entidad denominada “República Árabe Saharaui Democrática (RASD)”, tras una conversación telefónica entre el ministro de Relaciones Exteriores boliviano, Fernando Aramayo, y su homólogo marroquí, Nasser Bourita.
Según un comunicado oficial difundido al término del intercambio, La Paz llevó a cabo un “reexamen soberano de su política exterior”, actuando “en plena conformidad con la resolución 2797 (2025) del Consejo de Seguridad” y reafirmando su apoyo al proceso político conducido bajo los auspicios de las Naciones Unidas.
Como resultado de esta revisión, el Estado Plurinacional de Bolivia decidió suspender sus relaciones diplomáticas con la citada entidad y poner fin a todo contacto oficial con la misma, señalando que “no está reconocida como Estado miembro de la Organización de las Naciones Unidas”.
En el mismo comunicado, las autoridades bolivianas indicaron que esta decisión responde a su voluntad de “contribuir de manera constructiva a los esfuerzos internacionales para alcanzar una solución política realista, pragmática y duradera, basada en el compromiso”, conforme a los parámetros definidos por la ONU. La posición expresada marca un reposicionamiento diplomático de La Paz en este sensible asunto de las relaciones internacionales.
Paralelamente, una audiencia celebrada en el Senado de Estados Unidos sobre la lucha antiterrorista en el norte de África mencionó supuestos vínculos entre el “Polisario” y movimientos terroristas y extremistas que operan en la región y en el Sahel, incluidos grupos afiliados a Irán y al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI), designado por Washington como organización terrorista extranjera. Estos elementos fueron citados en el marco más amplio de las preocupaciones de seguridad regional.
La decisión boliviana abre, según el comunicado, “un nuevo capítulo” en las relaciones bilaterales entre el Reino de Marruecos y el Estado Plurinacional de Bolivia. Ambos países acordaron restablecer sus relaciones diplomáticas e iniciar los procedimientos necesarios para la apertura de misiones diplomáticas residentes en La Paz y Rabat.
Este desarrollo se produce en un contexto de reconfiguración progresiva de las posiciones diplomáticas en América Latina sobre este dossier, en paralelo a la reactivación de los esfuerzos de la ONU para alcanzar una solución política negociada.


