Madagascar asumió oficialmente la presidencia del Consejo de Ministros de la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC), según anunció el comunicado oficial de la organización. Bajo el liderazgo de su ministra de Asuntos Exteriores, Rafaravavitafika Rasata, el país ejercerá un mandato de un año, alineado con el Plan Indicativo Regional de Desarrollo Estratégico de la SADC.
En vísperas de su toma de posesión este 17 de agosto, la ministra Rasata declaró: “Nuestros esfuerzos se centrarán en la industrialización, la transformación agrícola para alimentar a la región con nuestros propios recursos, la transición energética y, por supuesto, el fortalecimiento de nuestra resiliencia ante los choques climáticos, económicos y de seguridad”.
También destacó la importancia de valorar a los Estados insulares, tradicionalmente marginados de las prioridades regionales, abogando por un reconocimiento pleno de sus especificidades y por políticas adaptadas que garanticen una integración verdaderamente inclusiva.
Esta presidencia, que se prolongará de agosto de 2025 a agosto de 2026, coloca a Madagascar en el centro de la coordinación política regional.
Por su parte, el secretario ejecutivo de la SADC, Elias Magosi, subrayó que las posibilidades de éxito aumentan “cuando dependemos más de nuestros propios recursos que de la ayuda exterior”. Señaló la necesidad urgente de financiar el Plan de Desarrollo Regional, que enfrenta un importante déficit, y exhortó a intensificar el comercio intrarregional, eliminar obstáculos e invertir en infraestructuras para acelerar la integración.
Madagascar, que se unió a la SADC en agosto de 2005, ejercerá la presidencia rotatoria durante la 45ª cumbre de jefes de Estado y de Gobierno, prevista para el domingo 17 de agosto de 2025 en Antananarivo.
El encuentro estará centrado en el lema “Impulsar la industrialización, la transformación agrícola y la transición energética para una SADC resiliente”, ejes que constituyen prioridades para Madagascar.
Con ello, la Gran Isla reafirma su compromiso de fortalecer la integración regional en una SADC que enfrenta retos económicos, de seguridad y geopolíticos de gran magnitud, llamando a la acción colectiva y a la puesta en común de recursos para construir una comunidad competitiva, inclusiva e industrializada.

