Una investigación periodística señala la implicación de combatientes del Frente Polisario formados por Hezbolá en crímenes de guerra en países como Siria bajo el gobierno de Bachar al-Assad.
Una investigación publicada por la organización estadounidense Democracy for the Arab World Now (DAWN) reaviva el debate sobre la participación de combatientes del Frente Polisario en el conflicto sirio. La periodista neerlandesa Rena Netjes documenta en ella la presencia de milicianos saharauis junto al régimen de Bachar al-Assad, formados por Hezbolá libanés y respaldados por Argelia.
Basado en archivos oficiales, cotejos y testimonios recogidos en Siria y en Líbano, el informe afirma que cerca de 120 combatientes saharauis habrían sido integrados en el ejército árabe sirio desde 2012. Otras fuentes mencionan a cientos de reclutas formados en campamentos de Hezbolá en el valle de la Bekaa. Estas unidades habrían participado en ofensivas contra civiles en varias ciudades sirias, lo que hoy las expone a acusaciones de crímenes de guerra.
Las revelaciones encuentran eco en otras investigaciones internacionales. En abril de 2025, el Washington Post informó que responsables europeos y regionales habían confirmado el entrenamiento de milicianos del Polisario por parte de Irán. Un mes más tarde, Deutsche Welle Arabic difundió imágenes inéditas de combatientes saharauis arrestados por las fuerzas sirias cerca de Alepo. Según fuentes locales, al menos 70 de ellos seguirían detenidos en Idlib.
El papel de Argelia es mencionado regularmente en estas investigaciones. Según Rena Netjes, Argel habría facilitado el desplazamiento de los milicianos y defendido su liberación. El ministro argelino de Asuntos Exteriores, Ahmed Attaf, habría llegado incluso a pedir a Damasco, en febrero de 2025, que liberara a varios soldados argelinos y miembros del Polisario detenidos en Siria, una petición rechazada por el gobierno sirio, que prevé juzgar a estos prisioneros por crímenes de guerra.
Estos elementos ilustran la imbricación de los proxis regionales movilizados por Teherán desde 2011 para sostener al régimen sirio: Hezbolá libanés, milicias chiíes iraquíes, hutíes yemeníes, Hamás y, según la investigación, también milicianos del Polisario.
Para las instancias sirias encargadas de la justicia transicional, la presencia de estos combatientes extranjeros complica aún más la perspectiva de juicios creíbles.
«La justicia no es un lujo geopolítico sino una necesidad», insiste Rena Netjes, citando a Abdel Basset Abdel Latif, presidente de la Comisión Siria para la Justicia Transicional, quien afirma cooperar con Interpol para procesar a todos los responsables de crímenes, sean sirios o extranjeros.
Estas acusaciones, si se confirman, vendrían a reforzar las críticas de larga data sobre la dimensión transnacional de los crímenes cometidos en Siria y sobre el papel de algunos aliados regionales de Damasco, en particular Irán y Argelia, en el sostenimiento del conflicto.

