Los ataques israelíes contra Gaza han sido calificados de genocidio por numerosas voces internacionales, lo que ha suscitado graves acusaciones de crímenes de guerra y de lesa humanidad.
El ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Nasser Bourita, calificó el jueves en Rabat las recientes declaraciones sobre la ocupación de la Franja de Gaza y el traslado de su población de «peligrosas e inaceptables», considerando que amenazan no solo a la población civil palestina, sino también la estabilidad de los países vecinos y de toda la región.
En el marco de una reunión de alto nivel sobre el futuro de las relaciones euromediterráneas, Bourita reiteró que la postura de Marruecos, bajo el liderazgo del Rey Mohammed VI, presidente del Comité Al-Quds, es «clara: denuncia firme y rechazo absoluto a estas declaraciones provocadoras». Según él, «la gravedad de estas declaraciones debe medirse a la luz del esfuerzo internacional de décadas para lograr la solución de dos Estados», que ahora se ve amenazada con una «extinción casi total».
El ministro de Asuntos Exteriores marroquí también advirtió que las prácticas actuales en Jerusalén, así como las reiteradas amenazas e incursiones, podrían transformar un conflicto político en una confrontación religiosa. «El simbolismo de Jerusalén como espacio de convivencia está en juego», declaró, y consideró que cualquier ataque a este estatus alimenta el odio y el extremismo, con consecuencias impredecibles.
En cuanto a los ataques contra Siria y Qatar, el ministro indicó que Marruecos, siguiendo instrucciones reales, emitió un comunicado condenando estos ataques y expresando su solidaridad con Doha. Rabat también apoya la celebración de una cumbre árabe extraordinaria en respuesta a estas «violaciones inaceptables».
Bourita enfatizó la necesidad de utilizar «todos los instrumentos a disposición de la comunidad internacional» para poner fin a las violaciones del derecho internacional y del derecho humanitario, citando en particular «la hambruna organizada, los ataques contra periodistas y civiles desarmados».
Finalmente, reafirmó que «la paz debe seguir siendo una opción estratégica», enfatizando que la creación de un Estado palestino con las fronteras de junio de 1967, con Jerusalén Oriental como capital, sigue siendo «la única perspectiva posible para una solución duradera en Oriente Medio». De lo contrario, advirtió, «las tensiones, el odio y el extremismo seguirán aumentando».

