Ante el cambio climático y el deterioro urbano, Alejandría, la antigua capital helenística, se ve amenazada por las aguas del Mediterráneo.
Cuna de la historia antigua y la segunda ciudad más grande de Egipto, Alejandría se enfrenta hoy a una amenaza existencial. Debido a los efectos combinados del cambio climático, la erosión costera y una planificación urbana descontrolada, la ciudad fundada por Alejandro Magno podría hundirse gradualmente bajo las aguas del Mediterráneo.
Según las autoridades locales, más de 25.000 edificios están actualmente clasificados como en riesgo de derrumbe, cientos de los cuales se ubican en zonas especialmente vulnerables a la infiltración marina. En los últimos años, 85 personas han muerto por el derrumbe de estructuras debilitadas, a menudo construidas sobre suelos inestables o erosionadas por la humedad.
El aumento del nivel del mar, estimado en aproximadamente 3 milímetros al año, está incrementando la salinización de las aguas subterráneas y debilitando los cimientos de los edificios costeros.
Alejandría, ignorada durante mucho tiempo en las políticas de adaptación, es ahora el foco de preocupación tanto de expertos como de residentes. Los diques y sistemas de protección costera diseñados durante el último siglo se han vuelto inadecuados ante las nuevas realidades climáticas. Además, la aceleración del crecimiento urbano, a menudo descontrolado, ha exacerbado la vulnerabilidad de esta metrópolis de casi seis millones de habitantes.
Las autoridades egipcias afirman haber puesto en marcha varios proyectos para reforzar las riberas fluviales y renovar edificios antiguos, con el apoyo del Banco Mundial. Sin embargo, sobre el terreno, los residentes denuncian la inacción, la falta de un control estricto sobre las construcciones ilegales y los retrasos burocráticos.
Alejandría, con su patrimonio milenario y su puerto estratégico, representa un dilema creciente en la región: preservar las ciudades costeras históricas y, al mismo tiempo, preparar a millones de residentes para un futuro incierto.
Sin una acción masiva y coordinada, la ciudad podría ser una de las primeras grandes urbes mediterráneas en sufrir las consecuencias directas del cambio climático.

