Madagascar renovó este martes en Rabat su apoyo a la integridad territorial de Marruecos y al plan de autonomía propuesto por Rabat para el Sáhara, al tiempo que saludó la adopción de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
La posición malgache fue oficializada en un comunicado conjunto publicado al término de las conversaciones entre el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, y su homóloga malgache, Alice N’Diaye. Antananarivo recordó en dicho texto su apego “al principio de la integridad territorial de los Estados miembros de las Naciones Unidas” y expresó su apoyo “al respeto de la soberanía del Reino de Marruecos y de su integridad territorial”.
El texto subraya igualmente la adhesión de Madagascar al papel central de las Naciones Unidas en el tratamiento del expediente del Sáhara. Las autoridades malgaches reafirmaron así su apoyo “al papel exclusivo de las Naciones Unidas”, así como a los esfuerzos realizados por el secretario general de la ONU y su enviado personal con vistas a una solución política del diferendo regional.
Esta toma de posición se produce mientras Rabat prosigue una ofensiva diplomática destinada a consolidar los apoyos africanos e internacionales en torno a su iniciativa de autonomía. En este contexto, Madagascar celebró la adopción de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad, estimando que “una verdadera autonomía bajo soberanía marroquí podría ser una de las soluciones más viables”.
El comunicado conjunto inscribe igualmente esta posición en la dinámica diplomática impulsada por el Rey Mohammed VI, marcada en los últimos años por una ampliación del apoyo internacional al plan marroquí de autonomía, presentado por Rabat como una base para la resolución del conflicto. Las autoridades malgaches expresaron así su respaldo explícito a esta iniciativa, considerada por Marruecos como el marco privilegiado para alcanzar una solución política duradera.
Ambos países destacaron además su voluntad de reforzar su cooperación bilateral en varios ámbitos, en el marco de una asociación presentada como “ganar-ganar”. Esta convergencia diplomática se produce en un entorno africano marcado por una recomposición de los equilibrios geopolíticos en torno a las cuestiones de soberanía e integración regional.


