El Banco Central de Egipto mantuvo sus tipos de interés de referencia en niveles elevados, priorizando la estabilidad monetaria en un contexto en el que las presiones inflacionarias y las incertidumbres geopolíticas siguen debilitando las perspectivas económicas.
El Banco Central de Egipto decidió el jueves mantener sin cambios sus principales tipos de interés, confirmando una estrategia de prudencia en un entorno macroeconómico aún inestable. El tipo de depósito a un día permanece en el 21 %, el de préstamo a un día en el 22 %, mientras que el tipo de la operación principal y el tipo de descuento se mantienen en el 21,5 %.
Esta decisión, adoptada tras la reunión del Comité de Política Monetaria, refleja una lectura conservadora de los riesgos inflacionarios. Pese a algunas señales de mejora del crecimiento mundial, la institución subraya que las tensiones geopolíticas persistentes y las incertidumbres relacionadas con las políticas comerciales internacionales continúan pesando sobre la estabilidad de precios y las expectativas de los agentes económicos.
A nivel interno, el Banco informa de un crecimiento del PIB real estimado en 5,2 % en el tercer trimestre de 2025, frente al 5 % del trimestre anterior. Este desempeño se apoya en el dinamismo del sector manufacturero no petrolero, el comercio y el turismo. No obstante, estas señales positivas conviven con un ligero deterioro del mercado laboral, ya que la tasa de desempleo pasó del 6,1 % al 6,4 % en el mismo periodo.
El principal foco de atención sigue siendo la inflación. En octubre, la inflación anual alcanzó el 12,5 %, frente al 11,7 % de septiembre, mientras que la inflación subyacente se situó en el 12,1 %. El Banco Central atribuye esta aceleración al aumento de los precios de los servicios y de los bienes no alimentarios, una tendencia que tiende a consolidarse y que complica la trayectoria de desinflación.
Para el resto del cuarto trimestre de 2025, la institución prevé un ligero repunte de la inflación general, vinculado en particular a los ajustes de los precios de la energía, antes de una desaceleración progresiva esperada a partir del segundo semestre de 2026. Se trata de previsiones rodeadas de fuertes incertidumbres, sensibles tanto a la evolución geopolítica como a las decisiones internas sobre los precios administrados.

